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A small town, dictaing all the people we get around ▲ Oliver Z. Növak.

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A small town, dictaing all the people we get around ▲ Oliver Z. Növak.

Mensaje por Symphony Warwick el Vie Jun 06, 2014 11:27 am

La clase había ido a un ritmo normal y como siempre, había estado tomando los apuntes necesarios  mientras me tomaba mis ratos para hacer rápidas cuentas sobre algunos gastos que tenía que hacer. Mordisquee la tapa de mi lapicero y no fui consciente de lo que dijo el profesor hasta que la mayoría de los estudiantes comenzaron a ponerse de pie — ¡Symph! ¿Vendrás? — escuché la pregunta de Aline y me quedé mirándola sin entender ¿la clase ya había terminado? Levanté mi mano para ver el reloj, viendo que faltaba aún una hora para que la hora en que terminaba esta clase se diera por finalizada — ¿A dónde? — Pregunté, guardando mis cosas — ¿Por qué todos se van? Aún no termina la clase — articulé, cruzando mi bolso  mientras me ponía de pie.

— ¿En qué planeta estabas mujer? — Sacudí la cabeza y sonreí algo avergonzada por mi despiste  —Hay una conferencia en unos cuantos minutos y el profesor necesitaba estar presente,  al parecer es una charla de motivación para estudiantes y profesores, la dará el escritor Oliver Növak ¿No quieres ir? — Tenía tiempo libre y sin duda aunque no me pasaba con mi rostro metido en un libro por andar trabajando o haciendo resto de cosas, me gustaba leer.  —Por supuesto, solo que no puse mucha atención cuando el profesor decía ¿vamos? — pregunté, empezando a caminar hacia la salida.

Durante el camino, Aline sacó un folleto y me lo pasó, al parecer desde hace un par de días habían estado repartiéndolos por la universidad para dar a conocer la presencia del escritor Növak, no había leí ninguna de sus obras pero después de esto, definitivamente estaría en mi lista por hacer; debido a mi falta de tiempo, hacía mucho que no tomaba un libro que no fuese sino para estudiar.  Cuando llegamos, alcanzamos a conseguir dos puestos al frente, el auditorio estaba bastante lleno, sin duda, el hombre era reconocido por su trabajo y eso explicaba  la cantidad de personas que seguían entrando en el auditorio.  Me masajee un poco el cuello y me acomodé en el asiento a la espera de que empezara la conferencia mientras seguía cuchicheando un poco con Aline acerca de que más me había perdido de lo que el profesor hablaba.  Giré mi cabeza para ver como el auditorio ya estaba completamente lleno e incluso había un par de personas paradas esperando. La voces sonaban en leve murmullos y mientras seguía ojeando el folleto codee a Aline para hacerle una pregunta.

— ¿Has leído alguno de sus libros? — ella negó con la cabeza mientras decía — No, pero a que está guapo ¿no te parece? — Señaló la imagen del escrito Növak a lo que puse los ojos en blanco cuando la escuche, soltando una pequeña carcajada —Tú no tienes remedio, Aline —negué con la cabeza a lo que ella me sacó la lengua —Solo digo la verdad. Aunque puede que después pase por la librería y averigüe su libro. Veamos que tanto logra motivarme durante esta conferencia —se cruzó de brazos y entonces, el auditorio estalló en aplausos ante la entrada a de un hombre alto y castaño. Aplaudí también, con altas expectativas de lo que pudiese escuchar en aquel lugar.



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Re: A small town, dictaing all the people we get around ▲ Oliver Z. Növak.

Mensaje por Oliver Z. Növak el Dom Jun 08, 2014 8:52 am

— No puedo hacerlo. No puedo hacerlo, no puedo hacerlo, no puedo... —Ollie seguía manteniendo la esperanza de que en el último momento todo aquello se cancelara, que un imprevisto en forma de llamada telefónica o de tropiezo por las escaleras le llevara a salir de allí, a no tener que enfrentarse a cientos de alumnos que esperaban sus palabras, que esperaban escucharle, en silencio. Probablemente esperaran palabras inteligentes, palabras esperanzadoras y de ánimo, palabras que fomentaran el amor que pudieran tener por el mundo de las letras. Y por Dios que Oliver quería decir esas palabras, quería que un discurso preparado saliera de su boca, un discurso que hiciera que una ovación de aplausos le aclamara al terminar. Pero lo único que podía hacer en aquel momento era intentar que las palmas de sus manos no sudaran tanto. — Ollie, me ha costado que la Universidad acepte esta conferencia. No puedes echarte atrás ahora, ¿de acuerdo? No te lo permito. —Peter Doe podía ser un buen representante, pero como amigo que apoyaba al chico dejaba mucho que desear, sobre todo cuando se trataba tan solo de promocionar sus novelas.

La idea de dar una conferencia en la Universidad de Amsterdam le había parecido acertada en un principio, recordando como él había asistido en Inglaterra a unas cuantas de escritores reconocidos, cuando su pasión por las letras le había llevado a querer conocer los secretos para ser un gran escritor. Dos libros en tres años, ese había sido el resultado. Se encontraba ahora en la parte posterior del auditorio, separado de los alumnos y profesores que entraban al lugar por la gran cortina. Ollie podía escuchar el murmullo general desde su posición, y también ver a los que se encontraban allí, esperando su aparición. Tomó entre sus manos uno de los folletos que anunciaba aquella conferencia, con su nombre inscrito en ella, y también el de sus dos novelas. Cuanto desearía ser Phillip Buster ahora, el protagonista de sus dos novelas. Aquel hombre, aunque con su mala suerte, sí que sabía escoger las palabras adecuadas en cada momento.

El auditorio entero aplaudió llegado el momento de su entrada, después de que un hombre anunciara ya el momento de su presencia. Una sonrisa algo forzada se extendió por el rostro de Oliver mientras caminaba sobre el escenario, hacia el panel colocado en el centro. Se hizo el silencio poco a poco, cuando Ollie cogió el micrófono colocado sobre el panel, acercándoselo para presentarse. — Buenos días a todos los que habéis venido aquí, que veo que sois muchos. Siempre es un placer atraer a tanta gente, aunque no sea por tu aspecto, claro. —Uno de los trucos de las conferencias como aquellas es que bromear siempre era un buen recurso. Y aunque sus bromas no fueran demasiado divertidas, al menos le daban algo de confianza. Y no mentía, porque su aspecto de zapatillas, vaqueros y un jersey de punto parecía no ser el adecuado para una conferencia como aquella. Pero vestirse bien no era lo suyo, en general. — Siento quitaros horas de clase, estoy... Seguro de que estáis deseando volver a vuestras aulas. —Comentó con una sonrisa más amplia, riéndose de sus propias palabras. — En realidad, yo he sido como vosotros, hace unos cuantos años. Fui a unas cuantas conferencias de escritores conocidos porque quería ser como ellos, quería saber cómo hacer para que todo el mundo me conociera por lo que quería escribir. Y todo el mundo decía que lo único que tenía que hacer era contar una historia, la que fuera. Que en eso se basara todo. Y lo hice, la conté, la típica historia de chico conoce a chica, chico se enamora como un idiota, y después chico pierde a chica. —Se encogió de hombros al llegar a esa parte, había permanecido todo el rato en la misma posición, sin cambiar ni siquiera el peso de sus pies. — Y que conste, no pienso contar lo que ocurre en la segunda parte, tendréis que leerlo. —Si había algo que a él le fastidiaba, es que le revelasen los finales de los libros. Y de los dos libros que había escrito, la segunda parte era la mejor, al menos para él.

Se acercó un poco más hacia el borde del escenario, con el micrófono a la altura de su pecho, y mirando a todos los alumnos, y a nadie en particular. — Se supone que una de las razones por las que hacer esta conferencia es para motivar a jóvenes como vosotros a perseguir vuestros sueños, a no abandonar el mundo de las letras, porque seamos sinceros, siempre es mucho más fácil aprobar un examen de letras que de ciencias, o al menos eso es lo que dicen. Yo lo digo porque se me daban fatal las matemáticas, por ejemplo. —Su mano voló hacia su nuca, acariciando levemente el cabello que nacía de allí, inspirando también para continuar sus palabras. —¿Sabéis? La mejor forma que se me ocurre de hacer esto es contestando primero a todas las preguntas que tengáis. De lo que sea, siempre que pueda contestarlas. —Bajó el micrófono, mirando a su alrededor, esperando que su pequeño intento de participación diera sus resultados. Alumnos, profesores, todos estaban allí, así que seguramente alguien haría alguna pregunta, aunque simplemente fuese cuantos años tenía. Incluso agradecía un insulto. Algo que no fuera un completo silencio.
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Re: A small town, dictaing all the people we get around ▲ Oliver Z. Növak.

Mensaje por Symphony Warwick el Dom Jun 08, 2014 5:33 pm

De no ser por la fotografía que habían puesto en el folleto que habían estado repartiendo por la universidad, del escritor que estaba a punto de dar su conferencia, hubiese pensando que el sujeto que había entrado justamente  con un jersey y unos vaqueros, y aquella vestimenta sencilla y poco elegante como me imaginaba a algunos escritores, lo habría confundido  tal vez  con uno de sus ayudantes o seguidores. ¿Cuántos años tenía? Porque a decir verdad no se veía demasiado mayor. Aline articuló un “wow” hacia mí lo cual me hizo esconder una risita detrás del folleto, esa mujer no se reservaba ningún comentario para ella sola.

Los aplausos fueron cediendo y bajando su volumen poco a poco mientras el hombre caminaba hacia el centro del auditorio luego de que un hombre canoso y alto lo presentaran ante todos dándole una grata bienvenida. Cuando todo estuvo en silencio, Növak empezó a hablar y por supuesto mi atención estaba concentrada en aquel hombre, tal vez esto me sirviera un poco para componer mis propias canciones. Lo había intentado, de verdad lo había hecho pero simplemente me estancaba en mitad del segundo párrafo y no sabía que más escribir así que mi frustración se apoderaba de mí y terminaba rasgando las hojas de papel  y botándolo a la basura.

Me acomodé en mi silla sin dejar de escuchar cada una de sus palabras mientras podía escuchar las ligeras carcajadas y risas en la sala cuando intentaba bromear un poco y ahora, definitivamente estaba en mi lista saber que pasaba en sus libros. Me acomodé  en mi silla, pasando una mano por mi cabello para echarlo hacia atrás. Cuando Növak dijo que iba a responder un par de preguntas, poco a poco las personas comenzaron a alzar su mano, manteniendo el orden en el lugar lo cual me sorprendiendo más de la cuenta. El tiempo seguía pasando y el escritor parado al frente estaba respondiendo todas las preguntas que los profesores y estudiantes estaban haciéndole, tales como: ¿En que se había inspirado para hacer sus personajes? ¿Tenían alguna similitud con alguien que él conociese en la vida real? ¿Qué le parecía la idea de que su libro fuera adaptado a una versión cinematográfica?  Y muchas preguntas que abarcaban su experiencia universitaria en Oxford. Fue entonces cuando el rabillo de mi ojo vio cómo mi acompañante levantaba la mano, anticipándome de lo que sea que fuese a decir aquella chica que no podía guardarse sus comentarios. —Zeus...—solté en voz baja, girando mi rostro hacia ella

— ¿Está casado? Porque no me imagino un hombre mayor como usted y buen mozo, disponible. — moví mi codo para darle un golpe para que se callara pero terminé golpeándome yo con el antebrazo de la silla, hice una mueca sobándose el codo mientras me hundía en mi asiento. Carcajadas se hicieron escuchar en el lugar ante las palabras de mi compañera, lo cual no me sorprendió, ella solía salir con las cosas más imprudentes pero aun así, lograba sacar risas de las personas. Levanté mi vista para ver la expresión de aquel sujeto, alzando mi mano. —¿Qué suele hacer para buscar inspiración? Me refiero a que, en algún momento escribiendo, no siempre se puede conseguir las palabras adecuadas que poner en el papel para poder continuar. ¿Cuál es su forma para conseguir avanzar... una historia? ¿Tiene alguna "musa"?— finalicé, intentando convertir la pregunta de Aline en una más ¿disimulada? Aunque en parte, yo también sentía curiosidad por su técnica.



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Re: A small town, dictaing all the people we get around ▲ Oliver Z. Növak.

Mensaje por Oliver Z. Növak el Vie Jun 13, 2014 3:11 pm

Las preguntas se fueron sucediendo poco a poco, mientras Ollie a su vez se encontraba encantado de que su idea hubiera funcionado, y de que ningún silencio incómodo se hubiera sucedido. Su buen amigo Peter le había dicho varias veces que no se arriesgara con eso de las preguntas, que siguiera hablando, pues uno nunca sabía exactamente con qué clase de público iba a encontrarse, gente difícil que solo quería escuchar y después digerir, o la clase de público que tenía todo tipo de preguntas para hacerle. Jugaba con ventaja, o al menos eso había creído en algunos momentos, al ver a tantas personas allí. Sí o sí, alguna pregunta tenía que caer. Respondía a todo lo que podía y lo mejor que sabía, acercándose siempre al bordillo del escenario para escuchar mejor las preguntas, vinieran de las primeras filas o de las últimas. Le gustaba creer que al menos así daba la imagen de ser un tipo simpático, abierto y cercano con unos posibles lectores, a pesar de que si a alguno se lo encontrase por la calle, probablemente la cosa no pasaría de un breve saludo y una inclinación de cabeza. Estaba en su naturaleza ser así, reservado, algo distante. Pocas eran las personas que marcaban la diferencia.

También se vio transportado a sus recuerdos mientras respondía, viéndose a sí mismo en el lugar que aquellas personas ocupaban. Solo había una diferencia, y es que él nunca había hecho preguntas. Recordaba casi todas las conferencias a las que había asistido como oyente, recordaba las preguntas que al final todo escritor respondía de las personas que habían asistido a escucharle. Pero como ya hemos dicho, Ollie nunca fue de los que preguntaban. Él tan solo escuchaba las preguntas de los demás y las respuestas del protagonista, tomando notas. Y allí, en aquella ocasión, parecía no querer acabar de contestarlas todas. Se sentía embriagado por poder compartir sus años de experiencia, sus ideas, todo lo que le había llevado hasta a aquel momento. En ningún momento mencionó su futuro, pues eso era algo que ni él conocía.

Entonces calló, soltando una pequeña y leve carcajada que vino después de escuchar la pregunta de aquella chica. En algún momento, por su cabeza pasó la idea de que pudieran preguntarle algo así. Él jamás se consideró atractivo, más bien rarito, pero sabía que había personas que sí le consideraban como apuesto. — Bueno, no soy tan mayor, en realidad. Y no, no estoy casado, y tampoco tengo alguna relación de la que hablar. Completamente soltero. —Se encogió levemente de hombros, todavía divertido ante aquella repentina pregunta sobre su vida privada. Sabía que era mejor no hablar de ella, ni siquiera le gustaba hablar de ella, pero cuando no había nada que ocultar, no estaba de más mencionarlo, aunque solo fuera de pasada. Fijó su mirada entonces en una joven que parecía más bien pelirroja, sentada al lado de la chica de la curiosidad indiscreta, que levantaba la mano. Asintió con la cabeza para que preguntara, escuchándola hasta que cesó de hablar, y catalogando su pregunta como una de las más interesantes de toda la conferencia. Y sobre todo, la que le dio más que pensar.

Acercó el micrófono a sus labios, preparándose para hablar. — Lo de la inspiración es más bien algo complicado de explicar. El tema de las musas... Desde la antigüedad se decía que todo pintor, escritor, todo artista en general, tenía una musa, o quizá varias. Y desde siempre la gente tiende a confundir que una musa es siempre una mujer, y no es así. No niego que puede ser que una persona pueda inspirarte para escribir por su carácter o su forma de ser, claro que es posible. Pero la inspiración se encuentra en cualquier lugar y momento, no solo en una persona. —Contestó, frunciendo levemente el ceño mientras cambiaba el peso de sus piernas, y daba un par de pasos, queriendo continuar con su respuesta. — Una canción, por ejemplo. Una canción que te guste mucho, que se meta en tu cabeza y que sientas que te quiere decir algo. Yo escribí un capítulo entero escuchando una canción de Coldplay. O un lugar, eso también sirve. Un sitio que te relaje y que te haga pensar, pero sin nada que te moleste. —Se encogió de hombros al llegar a esa parte, mirando en dirección a la chica que había preguntado, encontrando su mirada entre tantas otras personas. — Quizá no me explique bien. La inspiración es... No se puede forzar. Si no aparece, no hay mucho que se pueda hacer. Cuando tienes una idea en la cabeza, la escribes, y quizá después vengan más ideas que hagan mejor todo lo que has escrito. Y todo lo demás, simplemente ayuda. —Finalizó, con una media sonrisa torcida, esperando que su contestación hubiera sido buena para la chica.

Cerca de media hora después, después de otras cuantas preguntas y más palabras por su parte, la conferencia dio a su fin. Oliver y su representante habían preparado una pequeña sorpresa para el final, el reparto de unos ejemplares de su primer libro por sorteo, diez en total. Vale, no eran demasiados, pero cuando Ollie propuso la idea en primer lugar, a Peter no le hizo demasiada gracia. Consiguió tan solo esos diez ejemplares cuando el escritor insistió, pero al final le había valido la pena. Se fijó entonces en que incluso la chica pelirroja que le había hecho aquella pregunta interesante fue la ganadora de uno de los diez ejemplares. Gracias al cielo que los asientos de aquel auditorio estaban numerados, porque sino habría sido un lío tremendo el tratar de repartirlos por sorteo. Ollie abandonó el auditorio y el recinto de la Universidad poco después de aquello, pensando que aquella noche no le vendría nada mal una copa.


Por la tarde/noche.

Y allí estaba entonces, vestido con la misma ropa de la conferencia, entrando en un pub al que ciertamente no había entrado antes. Se había pasado veinte minutos caminando por la ciudad, con ritmo tranquilo, disfrutando del clima y pensando en la conferencia, y en que en cierto modo, no había ido tan mal como él había esperado en un primer momento. Se dijo que tenía que empezar a controlar mejor eso de hablar delante de muchas personas, apaciguar sus nervios para que todo saliera siempre bien. El gentío del local no le molestaba para nada, abriéndose camino hacia la barra, y sentándose en uno de los taburetes, esperando la atención de alguien que pudiera servirle. Tamborileó con las yemas de sus dedos la madera de la barra, con la cabeza y la mente en muchos sitios a la vez.


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Re: A small town, dictaing all the people we get around ▲ Oliver Z. Növak.

Mensaje por Symphony Warwick el Jue Jun 19, 2014 1:25 am

De todas las cosas que llegué a imaginar que él hombre que se encontraba al frente pudiese llegar a responder ante mi pregunta, lo que dijo terminó por dejarme de la manera más satisfactoria posible. El auditorio había caído en un completo silencio, estaba segura de que no era la única que se estaba dejando llevar por las palabras de aquel escritor. Y es que su respuesta tal vez no solo me había ayudado a mí sino a muchas más personas. "La inspiración se encuentra en cualquier lugar y momento, no solo en una persona". Había estado durante mucho tiempo tratando de forzar algo que simplemente había que dar su espacio, dándome una idea errónea de las cosas. Ahora podía entender por qué jamás servía de nada el hecho de intentar exprimirme la cabeza a cosas que simplemente había que dejar que salieran por si solas. Le respondí la sonrisa, agradeciéndole silenciosamente la respuesta que me había dado, sabiendo que posiblemente no sería capaz de sacarme sus palabras de la cabeza.

El resto de tiempo se pasó como si hubiese lazando un reloj al aire. No podía negar que estaba completamente agradecida de que Aline me hubiese traído hasta acá, jamás una conferencia se me había hecho tan amena y tan atrapadora como esa. Había sacado algo bueno de esto e incluso ¡había ganado un ejemplar de un libro! Hoy la suerte definitivamente estaba de mi lado. —Cuando termines de leerlo, me lo prestas, Symph— vi a Aline hacer un puchero y una carcajada brotó de mis labios mientras toda la gente se ponía de pie para irse. —Por supuesto que sí ¿qué clase de amiga crees que soy? Además te debo una por haberme traído aquí— le guiñé el ojo, enfocando mi mirada después en la espalda del escritor Növak mientras abandonaba el auditorio.

****

Hubiese terminado creyendo que tal vez hoy terminaría por ser un buen día pero las cosas había cambiado, por lo menos, ya la suerte no estaba de mi lado. Solté un bufido mientras agarraba mi cabello en una coleta y examinaba el pinchazo que había tenido mi bicicleta. —¿Por qué la gente deja pinches en la maldita calle? —solté, zapateando el piso. Ahora tenía que caminar al pub de mi padre arrastrando esa cosa.  Saqué el teléfono cuando este empezó a sonar y vi el nombre de Christopher iluminado en la pantalla — ¡Symph! ¿En dónde carajos estás? — cerré los ojos, masajeándome la sien. —Voy en camino, idiota. Se me ha pinchado un neumático de la bicicleta, haré lo posible por llegar rápido, lo siento—me disculpé, seguramente papá, mamá y Chris estaban atareados en el lugar y hoy hasta por lo menos en tres horas más, estaríamos solos nosotros sin ningún otro mesero que nos ayudase. Prácticamente corrí con aquella bicicleta hasta que después de unos 20 minutos, llegué finalmente al lugar.

Solo fue dejar mis cosas en su respectivo lugar luego de entrar por la puerta trasera y ponerme manos a la obra. Había bastante clientela y esos significan ir de aquí y allá todo el tiempo. Fueron horas después cuando dos meseros más llegaron para tomar su turno y Christopher y yo nos permitimos un pequeño descanso. Durante quince minutos, me dediqué a la leer las primeras páginas del ejemplar que había ganado hoy en la conferencia. —¿Chicos? —levanté mi cabeza del libro para ver a mi padre asomado por la puerta —Una mano a su madre no le vendría mal— solté un suspiro y guardé el libro en mi bolso de nuevo mientras entraba de nuevo a donde estaba la mayoría de gente, tomando pedidos y llevando cervezas y pasabocas de mesa en mesa. Me dirigí a la barra cuando vi un hombre esperando a que tomaran su pedido. —¡Bienvenido! —dije, esbozando una ligera sonrisa para llamar la atención del hombre. —Desea…¡oh! —una pequeña “o” se dibujó en mis labios al reconocer de quien se trataba, llevaba la misma ropa que temprano y su cabello estaba revuelto pero se veían aun bien. —Menuda sorpresa—vociferé, esbozando una sonrisa —Tal vez no me recuerde pero hoy estuve en su conferencia en la universidad de Amsterdam ¡de todas formas! ¿Qué desea ordenar? — pregunté sin dejar de sonreír. Habían más de 100 caras en ese auditorio ¿qué iba a asegurar que pudiese recordarme?




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